Empezamos la segunda semana del reto con tres capítulos que están entre los más decisivos de toda la Biblia. En ellos Dios firma un contrato con un anciano sin hijos, ese anciano intenta cumplirlo por su cuenta y le sale mal, y Dios vuelve a firmarlo, esta vez marcándolo en la carne.
Y en medio, un versículo de once palabras —Génesis 15:6— del que colgará, dos mil años después, la doctrina de la justificación por la fe. Pablo lo citará en Romanos y en Gálatas; Santiago también. No hay muchos versículos del Antiguo Testamento con ese peso.
Nota sobre las versiones. A partir de esta entrada, el texto bíblico se presenta en Reina Valera 1909 y Reina Valera 1865, dos revisiones de dominio público que pueden reproducirse libremente. Las dos descienden de la traducción de Casiodoro de Reina (1569) revisada por Cipriano de Valera (1602), y comparar sus soluciones ayuda a ver dónde el original hebreo admite más de una lectura. En la de 1909 se han actualizado únicamente las tildes que la Real Academia suprimió en la reforma de 1959 —fué por fue, á por a—, sin cambiar ni una sola palabra.
Capítulo 15: El pacto de las antorchas
“No temas, Abram”
Abram acaba de rechazar el botín del rey de Sodoma. Ha hecho lo correcto, y lo correcto le ha dejado con las manos vacías y con cuatro reyes derrotados que podrían volver. Es entonces cuando Dios le habla, y las primeras palabras son las que necesita oír:
“No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande” (15:1).
Fíjate en las dos imágenes. Escudo, porque acaba de meterse en una guerra. Galardón, porque acaba de renunciar a una fortuna. Dios no le responde en abstracto: le responde exactamente en los dos puntos donde acaba de quedar expuesto.
Y hay algo más. El premio no es algo que Dios da; el premio es Dios mismo: “yo soy… tu galardón”. Siglos después, los levitas no recibirían tierra en el reparto de Canaán, y la explicación sería la misma: “Jehová es su heredad” (Deuteronomio 18:2).
Génesis 15
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 1 DESPUÉS de estas cosas fue la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande. 1 Después de estas cosas fue palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas Abram: Yo soy tu escudo, tu salario copioso en gran manera.
La queja de un hombre creyente
La respuesta de Abram es asombrosamente franca, casi impertinente. Dios le acaba de prometer una recompensa enorme, y él contesta, en esencia: ¿de qué me sirve, si me voy a morir sin hijos y mi heredero va a ser un criado de Damasco?
Es una queja, y la Biblia la conserva. Una de las cosas más liberadoras de las Escrituras es que los hombres de fe discuten con Dios: Abram aquí, Moisés en el desierto, Job entero, Jeremías, los salmos de lamento. La fe bíblica no es callarse: es llevarle a Dios la queja en lugar de rumiarla lejos de él.
Génesis 15
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 2 Y respondió Abram: Señor Jehová ¿qué me has de dar, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese Damasceno Eliezer? 2 Y respondió Abram: Señor Jehová; ¿qué me has de dar, que yo ando solo, y el mayordomo de mi casa, el Damasceno, Eliezer? 3 Dijo más Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que es mi heredero uno nacido en mi casa. 3 Dijo más Abram: He aquí, no me has dado simiente, y he aquí que el hijo de mi casa me hereda.
Cuenta las estrellas
Dios no le regaña. Lo saca de la tienda.
“Mira ahora a los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente” (15:5).
A un hombre que sólo puede pensar en el hijo que no tiene, Dios le da una tarea imposible que le obliga a levantar la cabeza. No le explica cómo va a cumplir la promesa; le cambia el tamaño de la mirada.
Génesis 15
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 4 Y luego la palabra de Jehová fue a él diciendo: No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede. 4 Y luego la palabra de Jehová fue a él, diciendo: No te heredará este; mas el que saldrá de tus entrañas, aquel te heredará. 5 Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora a los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente. 5 Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora a los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar: y díjole: Así será tu simiente.
El versículo que atraviesa toda la Biblia
Y ahora, once palabras en las que cabe el evangelio:
“Y creyó a Jehová, y se lo contó por justicia” (15:6).
Detente en el verbo contar. Es un término contable: anotar algo en la cuenta de alguien. Abram no hizo nada; no construyó un altar, no ofreció un sacrificio, no cumplió un mandamiento. Creyó, y Dios anotó esa fe en su cuenta como si fuera justicia.
Conviene notar cuándo ocurre esto, porque Pablo construirá un argumento entero sobre la cronología: Abram es declarado justo catorce años antes de circuncidarse (capítulo 17) y más de cuatro siglos antes de que existiera la ley de Moisés. De modo que no fue justificado por el rito ni por la ley, sino por creer.

Después: tres apóstoles y un mismo versículo
- Pablo, en Romanos 4:3, lo usa para demostrar que la justificación es por fe y no por obras: “porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”.
- Pablo otra vez, en Gálatas 3:6-9, lo usa para incluir a los gentiles: si Abraham fue justificado creyendo, entonces “los que son de fe, éstos son hijos de Abraham”.
- Santiago, en 2:23, cita el mismo versículo para decir que aquella fe se demostró después en obras, cuando Abraham estuvo dispuesto a ofrecer a Isaac.
No se contradicen. Pablo habla de cómo se entra; Santiago, de cómo se nota. La fe que justifica es siempre una fe que después hace algo.
Un pacto que sólo firma una parte
Abram pide una garantía —"¿en qué conoceré que la he de heredar?"— y Dios responde con el rito más solemne del mundo antiguo: cortar un pacto.
Se partían los animales por la mitad y se disponían las piezas en dos hileras. Después, las dos partes caminaban juntas por el pasillo de sangre. El gesto significaba: que me ocurra esto a mí si no cumplo mi palabra.
Pero aquí ocurre algo insólito. Cae sobre Abram un sueño profundo y un horror de gran oscuridad. Y cuando llega la noche, quien pasa entre las piezas es sólo Dios, en forma de horno humeante y antorcha de fuego. Abram mira; no camina.
Dios se comprometió solo. Asumió las consecuencias del incumplimiento de las dos partes.
Esa escena, tomada en serio, explica el Calvario. Cuando el hombre rompió su parte del trato, el que había jurado cargar con la maldición la cargó: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Gálatas 3:13).

Génesis 15
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 6 Y creyó a Jehová, y contóselo por justicia. 6 Y creyó a Jehová, y contóselo por justicia. 7 Y díjole: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte a heredar esta tierra. 7 ¶ Y díjole: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte esta tierra que la heredes. 8 Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la tengo de heredar? 8 Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la tengo de heredar? 9 Y le dijo: Apártame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino. 9 Y respondióle: Tómame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años; una tórtola también, y un palomino. 10 Y tomó él todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves. 10 Y él tomó todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad en frente de su compañera: mas las aves no partió. 11 Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram. 11 Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram.
Antes: los cuatrocientos años anunciados
En medio de la ceremonia, Dios le anticipa a Abram el futuro de su descendencia con una precisión incómoda: serán extranjeros en tierra ajena, serán esclavizados y afligidos cuatrocientos años, y después saldrán “con gran riqueza”.
Y da la razón por la que la entrega de Canaán tiene que esperar tanto: “porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo” (15:16). Dios no expulsaría a los pueblos de Canaán por capricho ni por favoritismo étnico, sino por un juicio moral que todavía no estaba maduro. Concede a esos pueblos cuatro siglos más de paciencia.
Es un versículo que conviene recordar cuando se lee la conquista: Dios esperó cuatrocientos años antes de juzgar.

Génesis 15
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el pavor de una grande obscuridad cayó sobre él. 12 Y fue, que poniéndose el sol, cayó sueño sobre Abram, y he aquí, un temor, una oscuridad grande que cayó sobre él. 13 Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. 13 Entonces dijo a Abram: De cierto sepas, que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirles han, y serán afligidos cuatrocientos años; 14 Mas también a la gente a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza. 14 Mas también a la gente a quien servirán, juzgo yo; y después de esto saldrán con grande riqueza. 15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. 15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. 16 Y en la cuarta generación volverán acá: porque aun no está cumplida la maldad del Amorrheo hasta aquí. 16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no está cumplida la maldad del Amorreo hasta aquí. 17 Y sucedió que puesto el sol, y ya obscurecido, dejóse ver un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasó por entre los animales divididos. 17 Y fue que puesto el sol, hubo una oscuridad: y he aquí un horno de humo, y una antorcha de fuego que pasó entre las mitades. 18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; 18 Aquel día hizo Jehová concierto con Abram, diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río de Éufrates: 19 Los Cineos, y los Ceneceos, y los Cedmoneos, 19 Al Cineo, y al Cenezeo, y al Cadmoneo, 20 Y los Hetheos, y los Pherezeos, y los Raphaitas, 20 Y al Jetteo, y al Ferezeo, y a los Rafeos, 21 Y los Amorrheos, y los Cananeos, y los Gergeseos, y los Jebuseos. 21 Al Amorreo, también, y al Cananeo y al Gergeseo, y al Jebuseo.

Capítulo 16: Agar, y el Dios que ve
El atajo
Han pasado diez años desde que salieron de Harán. La promesa no se cumple. Y Sarai propone una solución que en su época era perfectamente legal y razonable: que Abram tenga el hijo con su sierva egipcia.
No era un capricho: los contratos matrimoniales de Nuzi y de Mesopotamia contemplaban exactamente eso cuando la esposa era estéril. Sarai no está inventando nada escandaloso; está aplicando la costumbre.
Y ahí está el problema. El texto describe la escena con las mismas palabras del Edén: Sarai tomó y dio a su marido, y Abram oyó la voz de su mujer (compárese con 3:6 y 3:17). El narrador no lo dice con el dedo levantado; lo dice con vocabulario.
Fíjate también en lo que falta: en todo el capítulo nadie consulta a Dios. Ni una vez.
Génesis 16
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 1 Y SARAI, mujer de Abram, no le paría: y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. 1 Y Sarai, mujer de Abram, no le paría; y ella tenía una sierva Egipcia, que se llamaba Agar. 2 Dijo, pues, Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril: ruégote que entres a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al dicho de Sarai. 2 Dijo, pues, Sarai a Abram: He aquí ahora, Jehová me ha vedado de parir: ruégote que entres a mi sierva, quizá tendré hijos de ella. Y obedeció Abram al dicho de Sarai. 3 Y Sarai, mujer de Abram, tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y dióla a Abram su marido por mujer. 3 Y tomó Sarai, la mujer de Abram, a Agar Egipcia su sierva, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y dióla a Abram su marido por mujer. 4 Y él cohabitó con Agar, la cual concibió: y cuando vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora. 4 ¶ Y él entró a Agar, la cual concibió: y viéndose preñada, menospreciaba a su señora en sus ojos. 5 Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti: yo puse mi sierva en tu seno, y viéndose embarazada, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre mí y ti. 5 Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta es sobre ti: yo puse mi sierva en tu seno, y viendo que se ha empreñado, soy menospreciada en sus ojos: juzgue Jehová entre mí y ti. 6 Y respondió Abram a Sarai: He ahí tu sierva en tu mano, haz con ella lo que bien te pareciere. Y como Sarai la afligiese, huyóse de su presencia. 6 Y respondió Abram a Sarai: He ahí tu sierva en tu mano: haz con ella lo que bueno te pareciere. Entonces Sarai la afligió, y ella se huyó de delante de ella.
El resultado es el previsible. Agar embarazada mira con desprecio a su señora; Sarai culpa a Abram; Abram se lava las manos —“tu sierva está en tu mano”— y Sarai la trata tan duramente que la mujer huye al desierto embarazada. Tres personas heridas y ni una feliz.
El Dios que me ve
Y entonces ocurre algo que no esperaríamos. El ángel de Jehová —primera aparición de esta figura en la Biblia— no va a buscar a Abram ni a Sarai. Va a buscar a la esclava extranjera, embarazada y sola junto a una fuente en el desierto.
Le hace una pregunta que es un regalo: "¿de dónde vienes y a dónde vas?" Nadie, en todo el capítulo, se había interesado por ella.
Génesis 16
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 7 Y hallóla el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino del Sur. 7 ¶ Y hallóla el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto: junto a la fuente que está en el camino del Sur: 8 Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai, mi señora. 8 Y díjola: Agar sierva de Sarai: ¿Dónde? ¿De dónde vienes, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora. 9 Y díjole el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo de su mano. 9 Y díjole el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y humíllate debajo de su mano. 10 Díjole también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado a causa de la muchedumbre. 10 Y díjole más el ángel de Jehová: Multiplicando multiplicaré tu simiente, que no será contada por la multitud. 11 Díjole aún el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque oído ha Jehová tu aflicción. 11 Y díjole más el ángel de Jehová: He aquí, tú estás preñada, y parirás un hijo: y llamarás su nombre Ismael, porque oído ha Jehová tu aflicción. 12 Y él será hombre fiero; su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. 12 Y él será hombre fiero: su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. 13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve? 13 Entonces ella llamó el nombre de Jehová, que hablaba con ella: Atta el roi, Tú, Dios, de vista: Porque dijo: ¿No he visto también aquí las espaldas del que me vio? 14 Por lo cual llamó al pozo, Pozo del Viviente que me ve. He aquí está entre Cades y Bered. 14 Por lo cual llamó al pozo: Pozo del Viviente, que me ve. He aquí, está entre Cádes, y Barad.
Personajes: la mujer que le puso nombre a Dios
Lee otra vez el versículo 13, porque es extraordinario:
“Y llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios que ve”.
En toda la Escritura, Agar es la única persona que le pone un nombre a Dios. Y no es un patriarca, ni un profeta, ni un rey: es una sierva egipcia, sin derechos, fuera del pueblo escogido, huyendo de la casa donde la maltrataron.
El nombre que escoge —El-Roí, “el Dios que me ve”— es el que sólo puede poner alguien acostumbrado a ser invisible. Y el pozo se llamó desde entonces Beer-lajai-roí, “el pozo del Viviente que me ve”.
Si alguna vez has pensado que Dios se ocupa de los protagonistas y tú eres del reparto, este capítulo está escrito para ti.

Génesis 16
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 15 Y parió Agar a Abram un hijo, y llamó Abram el nombre de su hijo que le parió Agar, Ismael. 15 ¶ Y parió Agar a Abram un hijo; y llamó Abram el nombre de su hijo, que le parió Agar, Ismael. 16 Y era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando parió Agar a Ismael. 16 Y Abram era de edad de ochenta y seis años, cuando parió Agar a Ismael.
Capítulo 17: La señal en la carne
Trece años de silencio
Entre el final del capítulo 16 y el principio del 17 pasan trece años. El texto no cuenta nada de ellos. Abram tiene ahora noventa y nueve.
Y Dios se presenta con un nombre nuevo: El-Shaddai, “el Dios Todopoderoso”1. Es la primera vez que aparece en la Biblia, y aparece justo cuando ya no queda ninguna posibilidad humana de tener un hijo. El nombre llega cuando hace falta.
Génesis 17
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 1 Y SIENDO Abram de edad de noventa y nueve años, aparecióle Jehová, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto. 1 Y siendo Abram de edad de noventa y nueve años, Jehová le apareció, y díjole: Yo soy el Dios Todopoderoso: Anda delante de mí, y sé perfecto. 2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y multiplicarte he mucho en gran manera. 2 Y pondré mi concierto entre mí y ti, y multiplicarte he mucho en gran manera. 3 Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él diciendo: 3 Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: 4 Yo, he aquí mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de gentes: 4 Yo, he aquí mi concierto contigo: Serás por padre de muchedumbre de gentes. 5 Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. 5 Y no se llamará más tu nombre Abram; mas será tu nombre Abraham; porque padre de muchedumbre de gentes te he puesto. 6 Y multiplicarte he mucho en gran manera, y te pondré en gentes, y reyes saldrán de ti. 6 Y multiplicarte he mucho en gran manera, y ponerte he en gentes; y reyes saldrán de ti. 7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en sus generaciones, por alianza perpetua, para serte a ti por Dios, y a tu simiente después de ti. 7 Y estableceré mi concierto entre mí y ti, y entre tu simiente después de ti por sus generaciones por alianza perpetua, para ser a ti por Dios, y a tu simiente después de ti. 8 Y te daré a ti, y a tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. 8 Y daré a ti, y a tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán, en heredad perpetua: y serles he por Dios.
Nombres nuevos
Dios le cambia el nombre a los dos, y el cambio es minúsculo y enorme a la vez:
- Abram (“padre enaltecido”) pasa a Abraham (“padre de multitudes”).
- Sarai pasa a Sara (“princesa”).
Una letra. En hebreo, la letra añadida es la he (ה), que forma parte del nombre mismo de Dios. Es como si Dios firmara con su inicial en el nombre de los dos.
Y piensa en lo que supone. Un hombre de noventa y nueve años, sin hijos, que se presenta a partir de ahora diciendo: me llamo Padre de multitudes. Cada saludo era un acto de fe, y probablemente una burla del vecindario.

La señal en el cuerpo
Génesis 17
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 9 Dijo de nuevo Dios a Abraham: Tú empero guardarás mi pacto, tú y tu simiente después de ti por sus generaciones. 9 Y dijo más Dios a Abraham: Tú empero mi concierto guardarás, tú y tu simiente después de ti por sus generaciones. 10 Este será mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. 10 Este será mi concierto que guardaréis entre mí y vosotros, y tu simiente después de ti: Que será circuncidado entre vosotros todo varón: 11 Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. 11 Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del concierto entre mí y vosotros. 12 Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones: el nacido en casa, y el comprado a dinero de cualquier extranjero, que no fuere de tu simiente. 12 Y de edad de ocho días será circuncidado en vosotros todo varón por vuestras generaciones: el nacido en casa y el comprado a dinero de cualquier extranjero, que no fuere de tu simiente. 13 Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero: y estará mi pacto en vuestra carne para alianza perpetua. 13 Circuncidando será circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi concierto en vuestra carne para alianza perpetua. 14 Y el varón incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será borrada de su pueblo; ha violado mi pacto. 14 Y el varón incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de sus pueblos: mi concierto anuló.
La circuncisión no era un invento de Israel —otros pueblos la practicaban—, pero aquí recibe un sentido nuevo. Es una señal:
- Personal y permanente. No es un tatuaje que se elige por moda ni una insignia que se quita.
- Oculta. Nadie la ve. No sirve para presumir ante los demás.
- En el punto exacto de la promesa. La promesa era descendencia, y la marca va precisamente en el órgano de la descendencia.
Los profetas insistirían en que lo importante nunca fue el corte, sino lo que señalaba: “circuncidad el prepucio de vuestro corazón” (Jeremías 4:4). Y Pablo lo cerraría: “es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu” (Romanos 2:29).
La risa
Dios anuncia que Sara tendrá un hijo, y Abraham hace algo muy humano: se cae de bruces riéndose.
No es la risa de la burla, sino la del que no da crédito. Y Dios, que podía haberle reprendido, hace algo mejor: le manda ponerle al niño el nombre de Isaac, que significa “él ríe”. Durante el resto de su vida, cada vez que llamara a su hijo estaría recordando el día en que se rió de la promesa de Dios.
Abraham aprovecha para interceder por el hijo que ya tiene: “Ojalá Ismael viva delante de ti”. Y Dios responde con una generosidad que conviene notar: bendecirá a Ismael y lo hará una nación grande. La elección de uno nunca fue el abandono del otro.
Génesis 17
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 15 Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. 15 Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no llamarás su nombre Sarai, mas Sara será su nombre. 16 Y bendecirla he, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos serán de ella. 16 Y bendecirla he, y también te daré de ella un hijo, y bendecirla he, y será madre de naciones: reyes de pueblos serán de ella. 17 Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿y Sara, ya de noventa años, ha de parir? 17 ¶ Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer un hijo? ¿Y Sara, mujer de noventa años, ha de parir? 18 Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. 18 Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. 19 Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te parirá un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él por alianza perpetua para su simiente después de él. 19 Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te parirá un hijo, y llamarás su nombre Isaac, y confirmaré mi concierto con él por concierto a su simiente después de él. 20 Y en cuanto a Ismael, también te he oído: he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará, y ponerlo he por gran gente. 20 Y por Ismael también te he oído: He aquí yo le bendeciré, y le haré fructificar, y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará; y ponerle he por gran gente. 21 Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, al cual te parirá Sara por este tiempo el año siguiente. 21 Mas mi concierto estableceré con Isaac, al cual te parirá Sara en este tiempo el año siguiente. 22 Y acabó de hablar con él, y subió Dios de con Abraham. 22 Y acabó de hablar con él, y subió Dios de con Abraham.
El mismo día
Y el capítulo termina con una de esas frases pequeñas que dicen todo sobre un hombre:
“en aquel mismo día” (17:23, 26).
Sin dilación, sin negociar el plazo, sin esperar a estar más convencido. Un anciano de noventa y nueve años y su casa entera —incluidos los siervos comprados, que no habían pedido nada de esto— obedecen ese mismo día.
Han pasado veinticinco años desde el primer llamado. Abraham ha esperado, ha dudado, se ha adelantado con Agar, se ha reído. Y sigue obedeciendo el mismo día.
Génesis 17
Reina Valera 1909 Reina Valera 1865 23 Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los siervos nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, a todo varón entre los domésticos de la casa de Abraham, y circuncidó la carne del prepucio de ellos en aquel mismo día, como Dios le había dicho. 23 ¶ Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los siervos nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, todo macho en los varones de la casa de Abraham, y circuncidó la carne de su prepucio en aquel mismo día, como Dios lo había hablado con él. 24 Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio. 24 Era Abraham de edad de noventa y nueve años, cuando circuncidó él la carne de su prepucio. 25 E Ismael su hijo era de trece años, cuando fue circuncidada la carne de su prepucio. 25 E Ismael su hijo de trece años, cuando fue circuncidada la carne de su prepucio. 26 En el mismo día fue circuncidado Abraham e Ismael su hijo. 26 En aquel mismo día fue circuncidado Abraham, e Ismael su hijo: 27 Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado por dinero del extranjero, fueron circuncidados con él. 27 Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado por dinero del extranjero, fueron circuncidados con él.
Para vivir hoy
- Dios responde donde te has quedado expuesto. A Abram, recién salido de una guerra y de una renuncia, le dice escudo y galardón. No promete en general: promete en concreto.
- Puedes discutir con Dios. Abram le lleva su queja y Dios lo saca a mirar las estrellas. Lo contrario de la fe no es la pregunta: es el silencio resentido.
- La justicia se recibe, no se fabrica. “Creyó, y se lo contó por justicia”. Si eso bastó para Abraham antes de la circuncisión y antes de la ley, tu currículum religioso tampoco es lo que te salva.
- Cuando la promesa tarda, aparece el atajo. Agar fue una solución razonable, legal y desastrosa. Casi siempre lo son. Revisa si en tu decisión pendiente hay alguien a quien no le has preguntado.
- Dios ve a la que nadie mira. Si te sientes prescindible en tu propia historia, el nombre que puso Agar es tuyo también: el Dios que me ve.
- Obedece el mismo día. Abraham llevaba veinticinco años esperando y no dejó pasar ni una jornada.
Para orar hoy: Señor, sácame de la tienda cuando sólo sepa mirar lo que me falta. Enséñame a creerte, y a no fabricar con mis manos lo que sólo tú puedes dar. Gracias porque pasaste solo entre las piezas y cargaste con la parte que yo no podía cumplir. Y gracias porque ves a los que nadie ve.
Los nombres divinos de estos capítulos son tres y muy distintos entre sí: Adonai Jehová (15:2), la primera vez que Abram se dirige a Dios llamándole Señor; El-Roí (16:13), “el Dios que me ve”, puesto por Agar; y El-Shaddai (17:1), “el Dios Todopoderoso”, con el que Dios se presenta cuando ya no queda posibilidad humana. Cada nombre aparece justo donde hace falta. ↩︎
